BCE prepara nuevo recorte de tasas para junio mientras la inflación europea cede terreno
El Banco Central Europeo se reunirá la próxima semana con expectativas de otro recorte. La inflación en la eurozona da señales de moderación sostenida.

Todo apunta a que el Banco Central Europeo volverá a bajar tasas en junio. Los mercados descuentan una reducción de 25 puntos básicos que dejaría la tasa de depósito en 2,25%, lo que marcaría el séptimo recorte consecutivo desde que arrancó el ciclo de flexibilización hace exactamente un año, cuando esa misma tasa estaba en 4%. En doce meses, el BCE ha recorrido casi la mitad del camino de vuelta.
El argumento a favor del recorte tiene sustento en los números: la inflación general de la eurozona bajó a 2,2% en abril, rozando ya la meta del 2%. Pero hay un dato que incomoda a los miembros más conservadores del consejo —particularmente a los representantes de Alemania y los Países Bajos— y es que la inflación de servicios se aferra al 3,9%, un nivel que no cede con la misma velocidad. Christine Lagarde lo sabe, y por eso insiste en que el banco no sigue una hoja de ruta fija sino que va decidiendo reunión por reunión según lo que muestren los datos. No es retórica de banco central: es reconocer que el panorama tiene partes que todavía no cuadran.
Para América Latina, esto no es un asunto puramente europeo. Si el BCE baja y la Reserva Federal se queda quieta —como sugieren las últimas minutas de la Fed—, el diferencial de rendimientos se mueve a favor de los activos emergentes, algo que podría aliviar transitoriamente la presión sobre el peso mexicano o el sol peruano. Brasil, en cambio, está en una posición incómoda: su banco central lleva meses subiendo tasas para frenar su propia inflación, y un ciclo global de mayor liquidez complica esa tarea porque atrae capitales que aprecian el real y encarecen las exportaciones. Goldman Sachs y JPMorgan estiman que el BCE podría llegar a una tasa terminal de entre 1,75% y 2% antes de que termine 2025. Si eso se confirma, sería el ciclo de relajamiento más pronunciado entre las economías desarrolladas desde la pandemia, con efectos directos en el costo al que los gobiernos latinoamericanos pueden financiarse en bonos denominados en euros.
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